Las áreas protegidas son un componente clave de las
estrategias mundiales de conservación. El turismo ofrece una
forma única y fundamental para promover la conexión de los
visitantes con los valores de las áreas protegidas, haciendo de
esta una fuerza potencialmente positiva para la conservación.
Las experiencias de los visitantes pueden ser transformadoras
contribuyendo al crecimiento personal y el bienestar de las
personas, e inculcándoles al mismo tiempo un mayor sentido
de apoyo y cuidado de los valores del área protegida.
Los beneficios económicos del turismo en áreas protegidas
—que dependen de hermosas áreas naturales, vida silvestre
y naturaleza saludables y culturas auténticas— también
pueden ser un argumento poderoso para la conservación. El
turismo en áreas protegidas constituye una parte principal de
la industria mundial del turismo —una industria cuya escala e
impactos son enormes—. La alta concurrencia de visitantes
exige resolver algunas necesidades fundamentales de infraestructura y requisitos de empleo y servicios, todos los cuales
tienen ramificaciones para la economía, la sociedad, la cultura
y el medio ambiente.