El confinamiento que vino producto del Covid-19, puso en evidencia algunas de las necesidades básicas del ser humano, la socialización y el estar en contacto con la naturaleza. Encontrarse con ese pedazo de área verde, ya sea en el parque, en las quebradas, en las áreas protegidas ha sido una necesidad. Ha sido esa salida para vaciar la mente y “recargar las pilas”, y muchos no lo sabíamos. El estar encerrados y darse cuenta la fortuna de poder mirar un árbol, u otros que corrieron con más suerte de poder estar en áreas el campo. Quién no ha escuchó. “Queremos salir al campo”. Con este contexto se entiende a importancia de las Áreas Protegidas, que es un valor mucho más allá de los servicios eco sistémicos tradicionales, pues ahora podemos añadirle el plus; que además nos cargan de energía. Creo que es momento de aprovechar esa experiencia para potencializar el turismo ecológico, turismo verde. Sin embargo, hay mucho hay otro tema en el que trabajar, la corresponsabilidad con las áreas verdes. La educación ambiental que debe ir de la mano, pues hubo casos en los que la gente salió desesperada al campo y se olvidó su basura, de olvidó apagar fogatas…