Uno de los impactos negativos del turismo más predominantes se pueden resumir en la degradación del entorno auspiciada por la polución, el agotamiento de los recursos, la destrucción o deterioro de la fauna y la flora local, la congestión en el tráfico y la contaminación arquitectónica, entre muchas otras. También la desculturización del destino, que se explica como la manera en la que la población anfitriona se ve obligada a asumir patrones culturales diferentes a las tradiciones, con el fin de promocionar dicho destino y atraer nuevos públicos.